A la Opinión Pública:

 

LA DECEPCION CON LA ALTERNANCIA NO DEBE LLEVARNOS A LA DECEPCION DE LA DEMOCRACIA

¿Quién gobierna en México? En medio de una inercia perversa, llena de escándalos y de corrupción, de lucha descarada y sin reglas por el poder, con un Presidente que no responde a los reclamos sociales y con un Congreso que hace mayorías para la conveniencia política, el Ejecutivo está impulsando propuestas que amenazan los avances democráticos de nuestro país.

En efecto hay iniciativas del gobierno para establecer en México un Estado policíaco, o la de los derechos humanos, en la que se pretende sustituir las responsabilidades del Estado por las de la persona en su intimidad con Dios, que nos recuerda el afán sinarquista de la unidad católica de la Nación.

Igualmente aberrante fue la última reforma electoral que termina por cancelar los derechos electorales a los ciudadanos, al elevar los requisitos del registro de nuevos partidos a tal grado que, de hecho, se convierten en una invitación a la corrupción y a la perversión, al mantener cancelada la posibilidad de los candidatos ciudadanos. Así, las elecciones se vuelven espacio del poder monopólico de los partidos, definidos como entidades de interés público, pero las elecciones se encuentran aún más lejos de las posibilidades ciudadanas. Pronto terminaremos en el escenario en el que sólo participarán los votos duros de los partidos, sin mayor interés para la ciudadanía.

Posteriormente, el Gobierno Federal a través del Director del IMSS junto con la mayoría del Congreso de la Unión, y con el apoyo del Congreso del Trabajo logró una Reforma que obliga a los trabajadores a ceder a cambio de nada, sus derechos, como si fueran los únicos que tienen que responder por la situación de quiebra histórica del IMSS, descargando de su responsabilidad a la propia burocracia y a la Dirección del Instituto. Y, como en los peores momentos del presidencialismo priísta, los charros corifeos del Congreso del Trabajo, en plena decadencia vital y moral, con Víctor Flores a la cabeza, en la máxima abyección a la que pudieran llegar, piden igualdad de condiciones para todos los trabajadores mexicanos, es decir, reivindican la miseria de los trabajadores mexicanos.

¿En dónde quedaron los compromisos firmados por Vicente Fox con la UNT y otras organizaciones sindicales y sociales? Por lo menos, para nosotros nos queda claro que la palabra del Presidente no ha sido honrada.

Por otro lado, nos enteramos de las graciosas concesiones de la explotación de nuestro gas natural a varias empresas extranjeras, al igual que de la creciente injerencia de compañías extranjeras en la producción de energía eléctrica. Todo esto sin orden ni concierto, en un aparente caos, opacado por el ruido de los escándalos políticos.

El gobierno actual, desafortunadamente, no ha terminado, aunque esa es la impresión prevaleciente. Por sus resultados no es cierto que este sea un sexenio perdido. Es un sexenio de avance del desprestigio de México, del desencanto de la democracia, hasta dejar a México postrado para que llegue el mejor postor. ¡Buen trabajo Señor Presidente Fox. Ha logrado lo que nadie; abaratar a México!.

El país atraviesa por momentos de gran intensidad política. La alianza de los partidos conservadores, el PAN y el PRI, parece avanzar hacia mayores definiciones. Después de que había sido intentada por el lado de Elba Esther Gordillo, finalmente se logró bajo el mando de Roberto Madrazo. La Reforma a la Ley del Instituto Mexicano del Seguro Social, iniciado por la charrería sindical y amparado por la mayoría del PRI y el PAN, viene a corroborar lo que habíamos venido diciendo: el gobierno de Fox es el cuarto gobierno de la época neoliberal en México.

Ya desde su mensaje de año nuevo del 2004, llamado "a la mitad del camino", el Presidente Fox había reconocido que sus primeros tres años fueron de antagonismos inútiles y desgastantes. Desde entonces, lo que el Presidente ha hecho, nos habla claramente que ha seguido y seguirá la tónica de la primera parte de su sexenio, es decir, la promoción desde la presidencia de los enfrentamientos inútiles y desgastantes con las demás fuerzas políticas, en especial con los que representan un proyecto alternativo y competitivo para el 2006. Lo único que ha cambiado, de manera reciente, ha sido la estrategia del PRI que, en la perspectiva de volver a restaurar su régimen en el 2006, busca cargar los costos del inicio de las reformas del quinto gobierno neoliberal, al gobierno de Fox.

Frente a este panorama, tenemos que preguntarnos: ¿Cómo procesar la vida política con el fin de que la sociedad, a través de sus representantes y sus instituciones políticas, pueda llegar a acuerdos y tomar decisiones?. Ese es el problema más apremiante que enfrentamos los mexicanos y que requiere un esfuerzo importante de reflexión y de capacidad de acción.

Los enfrentamientos inútiles y desgastantes han terminado por disminuir el buen ánimo y la esperanza que produjo la capacidad que demostramos los ciudadanos para hacer el cambio político por la vía pacífica. Un logro como el que tuvimos el Estado y la sociedad en el año 2000, al realizar la alternancia en el poder con madurez y respeto, a todos nos llenó de orgullo, a la vez que reanimó las expectativas de la sociedad y el prestigio de México en el mundo.

El desgaste político que hemos sufrido tres años y medio después, ha provocado la desaparición del optimismo y su lugar lo ha venido ocupando un sentimiento de decepción que tiende a generalizarse, sumamente negativo para el país.

Más allá de los criterios de partido y de las perspectivas electorales de cada quien, el balance de la vida de México en estos años se antoja sumamente decepcionante. A la alternancia en el poder que se hizo de manera tersa, cabe agregar la continuidad del estancamiento económico, la disminución del espíritu democrático, el repliegue de la vocación por la justicia y de la transparencia en la vida pública, el mantenimiento de la corrupción, la inseguridad, el corporativismo y la impunidad, lo que llena de incertidumbre y frustración las perspectivas de la transición a la democracia.

Ello explica la decepción, el desencanto y el descontento contra los partidos políticos, al no encontrar las formas que nos permitan trabajar conjuntamente en las medidas, que, al alcance de la mano, se encuentran para recuperar la ruta del crecimiento económico y que nos hagan avanzar más rápido y eficazmente en la consolidación de la nueva cultura democrática y en nuestros afanes de justicia social.

El problema político de México aparece entonces de la manera siguiente: la sociedad y los partidos políticos han generado una nueva realidad política, en el marco del anterior régimen institucional, el que funcionó durante muchos años, pero que ahora ya no resulta apto para encuadrar esa nueva realidad. Durante los tres años anteriores, con el objeto de mantener la estabilidad económica, se dejaron intactos los fundamentos del régimen político, que ha seguido funcionando de manera inercial. Ello ha impedido que las instituciones respondan adecuadamente para llevar a cabo las reformas y las medidas capaces de profundizar la lucha contra los rezagos internos y externos.

Esa contradicción entre la nueva realidad y la vieja institucionalidad se ha expresado de manera más dura en los enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y el Congreso de la Unión, que hunde sus raíces en el papel de los partidos políticos en la nueva realidad democrática. Los resultados de ese enfrentamiento se han traducido en la parálisis que todos padecemos.

Tal inercia ha sido el mayor adversario de la política y los políticos. Entre todos se logró la conformación de una nueva realidad política que, sin embargo, se sigue pensando como si fuera la anterior.

Por ello hace falta cambiar la idea y la práctica, las instituciones también, del ejercicio de la política. Si los partidos se han fortalecido, los Poderes Legislativo y Judicial también, así como los otros órdenes de gobierno, además del acotamiento que ello ha significado para el Ejecutivo, todos estos elementos constituyen una nueva realidad política que tiene que ser reconocida más allá de las actitudes personales de los dirigentes de los poderes realmente existentes.

De no resolverse este problema y de seguir la inercia, se abren serios riesgos y peligros, entre los que se pueden destacar; la consolidación de la sensación del tiempo perdido; el incumplimiento de las leyes; el aumento de los rezagos internos y externos; la profundización de la erosión y la descomposición políticas; pérdida de la gobernabilidad y aparición de elementos desestabilizadores; pérdida de la cohesión social e institucional; transmisión de la división y polarización política a la sociedad y sus organizaciones; aumento de los sentimientos autonómicos en los Estados y en sus gobernantes; pérdida de la cohesión federal y aumento de la tendencia a la "balcanización"; y, como consecuencia de todo ello, el desprestigio de la democracia como alternativa de régimen político, por mencionar sólo algunos de los más importantes.

Una de las causas fundamentales por las que se ha impuesto la inercia política ha sido que al desplazamiento del PRI de la presidencia, no le siguió un proyecto de cambio para impulsar la construcción de un nuevo régimen político que la salida del PRI ya implicaba.

En el vacío ocupado por la inercia, cada partido acepta que un gobierno limitado e inhábil, ocupe transitoriamente el lugar del poder, mientras intentan en las nuevas condiciones rehacerse para ofrecer una cara más atractiva. Pero como los partidos actúan en un nuevo terreno que no logran reconocer, caminan al viejo modo y estilo, lo que los hace casi insubstanciales.

Tenemos ofertas de candidatos pero no ofertas políticas; tenemos personalidades que agrupan intereses grupales pero no fuerzas, tendencias o corrientes que formen proyectos, cuadros y movimientos políticos y culturales nuevos. Todo se ha desgastado, todo aparece sin mayores atractivos.

Por tanto, se requiere construir una visión democrática de Estado, y crear los instrumentos institucionales de mediación, interlocución y consulta de la sociedad como un medio para también elevar el nivel del debate entre los partidos y de la elaboración de propuestas y alternativas.

Los últimos acontecimientos nos hablan de que el Presidente se comporta de forma indolente frente a los fenómenos derivados del reiterado fracaso político respecto de los acuerdos que el país necesita, es decir, de lo limitado y sesgado de las propuestas y de los intereses pequeños de los partidos. Cierto es que insiste en volver a intentar las Reformas Estructurales, pero sin modificar, hasta ahora, los esquemas de negociación. Con la Reforma de la Ley del IMSS y el pretendido desafuero de López Obrador, parece que esa indolencia se convertirá en dependencia del PRI, lo que es sumamente grave.

En estas condiciones se antoja la conformación de un escenario, que ni siquiera llega a ser catastrófico, y que dará cuenta de las luchas entre los partidos por llenar los vacíos que dejó la derrota del PRI y la incapacidad del PAN.

Pero entonces todo tenderá a irse hacia la solución electoral. En este desenlace destaca el hecho de que tanto el sistema como los partidos no promoverán los recursos ni las formas capaces de enfrentar una realidad que supera en su complejidad a la capacidad del sistema y de sus partes, sobre todo si se sabe que puede ganarse la presidencia de la república con 12 millones de votos.

El país no piensa entonces como debe ser, sino que se ha descerebrado en varias partes enfrentadas entre sí y de manera enconada, lo que no permite la creatividad ni la productividad política, no hay el largo plazo, ni la visión de conjunto, no hay Nación ni Soberanía.

En el río revuelto, las fuerzas que más se ven favorecidas son los intereses oligárquicos tradicionales y los aliados del atraso, así como los que sacan provecho, como el crimen organizado, el tráfico de estupefacientes y de armas, etc., embozados a través de sus representantes políticos, y por supuesto nuestros vecinos del norte que se congratulan de nuestra falta de proyecto y de unidad.

Frente a la magnitud de los problemas de México no son suficientes las respuestas parciales, sino que se necesita la conjugación de todos los esfuerzos para encontrar una solución en los términos de una generación. En ese curso, podrán ensayarse otras respuestas para cada una de las corrientes ideológicas y políticas que integran el mosaico mexicano, pero la gran prioridad de hoy es trabajar conforme al paradigma histórico que entre todos hemos abierto: la democracia, la libertad y la equidad, valores que, junto con la solidaridad social y generacional, pueden darle una respuesta tangible y concreta a las demandas más sentidas de los mexicanos.

Exigimos por tanto al Ejecutivo Federal responda a la sociedad y a sus propuestas y dé inicio el diálogo para restablecer con acuerdos y acciones concretas las bases institucionales y políticas que garanticen la transición a la Democracia, la gobernabilidad, la estabilidad y la unidad de la Nación.

TODOS A LA MARCHA DEL DIA 31 DE AGOSTO, QUE PARTIRÁ DEL MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA HACIA EL ZÓCALO A LAS 4:00 DE LA TARDE Y AL PARO-PLANTON EN EL CONGRESO DE LA UNION EL DÍA 1° DE SEPTIEMBRE, A PARTIR DE LAS 4:00 DE LA TARDE.

FRATERNALMENTE

"POR LA UNION DEMOCRÁTICA DE LOS TRABAJADORES"

México, D. F., a 31 de agosto de 2004.

LA PRESIDENCIA COLEGIADA

 

Francisco Hernández Juárez            Dr. Roberto Vega Galina

 

Ing. Agustín Rodríguez Fuentes

 

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