Discurso del Co. FRANCISCO HERNANDEZ JUAREZ

en la Ceremonia de Inauguración

de la

XXX CONVENCION NACIONAL ORDINARIA DEMOCRATICA

DEL

SINDICATO DE TELEFONISTAS DE LA REPUBLICA MEXICANA

  

Septiembre de 2005.

 

 

México, D.F., 19 de septiembre de 2005.

 

 

C. Lic. Francisco Javier Salazar Sáenz

Secretario del Trabajo y Previsión Social

Compañeros de la Unión Nacional de Trabajadores y de la

Federación de Sindicatos de Empresas de Bienes y Servicios

Compañeras y Compañeros:

Me es grato dar a ustedes la más cordial bienvenida en este inicio de los trabajos de nuestra trigésima Convención Nacional Ordinaria.

Los Telefonistas le agradecemos de manera especial a usted, Licenciado Salazar, el acompañarnos para la inauguración de esta Convención, en la que estaremos informando a nuestros compañeros sobre las actividades sindicales más importantes realizadas en el último año, y en la que también estaremos discutiendo, analizando y decidiendo sobre las acciones que desarrollaremos en los meses siguientes hacia el interior de nuestra organización, en el conjunto del sindicalismo, hacia la sociedad y en la política de nuestro país.

 

A los telefonistas no nos cabe la menor duda de que los próximos meses serán de la mayor importancia para el futuro de nuestro país. Después de haber superado con estabilidad la prueba de la alternancia en el poder en el año 2000, a la todavía frágil transición de nuestro país hacia la democracia le esperan todavía momentos críticos y de definiciones fundamentales antes, durante y después de las elecciones del próximo año.

De la manera en cómo los mexicanos seamos capaces de enfrentar y de resolver estos nuevos retos, dependerá no sólo la calidad de nuestra democracia, sino la calidad de nuestra convivencia política y social que, a pesar del avance democrático, está alcanzando niveles de deterioro y de degradación que no podemos permitir.

Esto es así porque la alternancia en el poder del año 2000 dejó muchos temas y procesos pendientes e inconclusos, que es preciso afrontar y resolver ya, con toda determinación, para garantizar, en primer lugar, que las elecciones del próximo año, cualesquiera que sean los partidos y los candidatos triunfadores en las diferentes contiendas, pero en especial en la elección presidencial, sean pacíficas, confiables y muy participativas.

 

Uno de los desafíos más importantes de las elecciones del próximo año, es la definición de una verdadera agenda de consenso sobre las prioridades de la Nación, entre las que sin duda, la creación de empleos formales bien remunerados es prioritaria para todos.

Esta agenda permitiría construir acuerdos sólidos de gobernabilidad y de gobierno para cualquier candidato y para cualquier partido.

No podemos soslayar el hecho de que, no obstante los logros que ha tenido en los últimos años, el régimen democrático en nuestro país tiene todavía grandes vacíos e insuficiencias, que podrían convertirse en factor de conflicto y en un obstáculo para continuar el camino de la transición a la democracia en los próximos años.

Es por eso que los telefonistas, junto con otras organizaciones sindicales y sociales, hemos venido trabajando intensamente en la construcción de un Acuerdo Político Nacional que, en principio y teniendo como base una agenda de consenso, comprometa a los actores políticos fundamentales: gobierno, partidos políticos, organizaciones políticas y sociales, a lograr procesos electorales pacíficos, participativos, transparentes, pues sólo así habrá condiciones favorables de gobernabilidad en el país para los próximos años.

El papel del gobierno en estas tareas, como en todo proceso de transición, es muy importante. Los gobiernos, en los diferentes niveles del poder, más aún si hablamos del gobierno federal, pueden convertirse en factores que impulsen la formación de consensos y de acuerdos, o en factores de desestabilidad y de conflicto.

Nos parece muy positiva la afirmación hecha por el Presidente Fox en su último informe de gobierno, cuando se comprometió a que en México no habría más elecciones de Estado. Pero, al mismo tiempo sabemos que, más allá de ser una declaración afortunada, este propósito debe de respaldarse con acciones que permitan procesos electorales no sólo impecables en el momento electoral en sí mismo, sino antes y sobre todo, después de las elecciones.

Elecciones de Estado no son sólo aquéllas en las que predomina la figura de partidos oficiales apoyados desde el poder para influir o favorecer a determinados partidos o candidatos, o en las que el Ejecutivo hace uso del presidencialismo para influir de alguna u otra manera en el resultado de la elección y en las intenciones del voto ciudadano. Elecciones de Estado son también aquéllas en las que la forma de gobierno y los márgenes de maniobra del gobierno siguiente se imponen o se alteran.

Seguiría habiendo elección de Estado en México si el gobierno no hace hoy lo que tiene que hacer para asegurar que la transición al próximo gobierno, independientemente de candidatos y de partidos, cuente con los consensos y los acuerdos de gobernabilidad necesarios para poder funcionar de manera democrática y estable, con reglas sólidas de mayoría, en escenarios de competencia diversos, pero también para superar las condiciones de presión y de riesgo que implican los poderes fácticos y las instituciones autoritarias ya agotadas, que requieren ser renovadas y redefinidas.

Los trabajadores podemos hablar, más que nadie, de una todavía frágil transición de nuestro país hacia la democracia, porque sin lugar a dudas, es en materia laboral en donde persisten las piezas más sólidas de viejo sistema corporativo y autoritario, y en donde la desigualdad y la injusticia, vistas como bajos salarios y restricciones salariales, desempleo, empleo informal mal remunerado, precarización de las condiciones laborales y falta de libertades y de derechos fundamentales para los trabajadores, aún predominan.

 

Es por desgracia también en materia laboral en donde pareciera seguirse imponiendo el esquema de las decisiones autoritarias y corporativas, de la falta de consensos y de una gobernabilidad no sólo predemocrática, sino antidemocrática.

Nos preocupa, señor secretario, la posibilidad de que el gobierno siga alentando en su interior, en el Congreso, en la comunidad empresarial y en otros ámbitos, la imposición de reformas a la legislación laboral sin los consensos, sin la transparencia y sin los acuerdos necesarios que le den sustento, viabilidad y legitimidad.

En un momento político delicado como el que vivimos, persistir en este propósito que ha sido una amenaza constante para los trabajadores en los últimos años, no sólo se convertiría en un indeseable factor de conflicto, sino que enviaría señales muy equivocadas en el sentido de que la democracia laboral sigue siendo la más atrasada de todas en el edificio inconcluso de la democracia en nuestro país.

 

Sea usted nuestro conducto, señor secretario, para expresar al Presidente de la República, al Congreso y a los partidarios de una reforma laboral sin consensos, nuestra preocupación por las intenciones y las condiciones desfavorables que rodean a dicha reforma, pero también para expresar nuestra determinación de no permitir, bajo ningún concepto, un atentado más en contra de los derechos de los trabajadores y del futuro productivo y laboral de México.

Recientemente, las gestiones y las movilizaciones que los sindicatos realizamos fueron importantes para eliminar la amenaza de gravar las prestaciones de los trabajadores, esperamos la disposición del gobierno para echar atrás este intento que lesionaría aún más la débil economía de los trabajadores y que deterioraría más el proceso de construcción de consensos y de gobernabilidad.

Sería muy lamentable que, después de esto, fuéramos obligados, por falta de voluntad y de sensibilidad política, a recurrir a la confrontación para impedir las nuevas agresiones a los derechos de los trabajadores que implicaría una reforma laboral impuesta.

 

Expresamos nuestra voluntad de seguir actuando con responsabilidad y con determinación para representar y defender los intereses y los derechos de los trabajadores, para actuar desde el lugar de trabajo hasta la política nacional e incluso internacional, siempre con el fin de mejorar sus condiciones y su nivel de vida. Este es y este ha sido nuestro papel fundamental como sindicatos, lo seguiremos cumpliendo, pues es nuestro compromiso esencial, con los trabajadores y con nuestro país.

Muchas gracias.

 

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